Capitán Saravia: Uno de los asesinos de Romero, vive en un completo infierno...
Álvaro Rafael Saravia, confiesa su participación en el asesinato del Beato Oscar Arnulfo Romero; su confesión se dá, segun él, por que ya no soporta la presion social, vivió en Estados Unidos, entre varios negocios, vendiendo automoviles y otras cosas. Regresó al país, por que en el país del norte, lo buscan con orden de Deportación por lavado de dinero, cosa que no importa pues ya no está viviendo allá.
Un periodista lo buscó, y al final lo encontró, las fotos publicadas por los norteamericanos no son ni la sombra de lo que él Lugarteniente de d'Abuisson era; en dichas imagenes aparece un hombre corpulento, bronceado y con su papada que se confunde con su cuello y pecho, lo cual contrasta grandemente con su apariencia actual, pues luce desaliñado, viejo, flacucho y su cara la cubre una barba que denota, un alto grado de sufrimiento, su olor lo delata, continúa bebiendo como lo hacía antes, con su patrón Roberto (d'Abuisson), como él lo llama.
En la narración del periodista, muy detallada y bien redactada, nos cuenta lo difícil que es acceder al terreno donde actualmente, se esconde el Teniente Saravia, debe caminar mucho y practicamente bajar hasta el mismisimo infierno, bosques de pinos altisimos y espesa malesa, caserios en las montañas, y su vecino mas proximo esta a 20 minutos. Vive de arrimado, solo tiene 3 mudadas, una cama vieja con un colchón mal oliente, dentro de una casa de bahareque, con una sola ventana y sin vidrio, solo una puerta de madera, hace trabajitos sencillos para ganarse algunas monedas, mismas que utiliza para comprar chaparro o alcoholo trasegado, que guarda bajo su cama. Con la comida, dice que la vecina le regala lo poco que ella logra sacar, a veces hay con qué, pero no hay maíz, ahi entran los guineos, a veces hay maíz para las tortillas, pero no hay con qué, entra a hacer un gran papel, la sal, por que se come pura tortilla con sal, dice.
Ya lo asaltaron una vez, los ladrones se le metieron a la chozita y le robaron 1 cincho, 2 pantalones y un machete, en la entrevista que concedió unicamente para dar a conocer detalles, de quién mató al Beato Romero, se pierde hablando de la desgracia en la que vive, pero a lo que él dice, que es lo que merece, pues ya está pagando; lo unico que pide es que los otros involucrados paguen. Ya llegaron también a querer sacarlo, le tiraron piedras, los hijos malos de la señora que le dá posada; así tambien una hija que se quiere quedar con el terreno, ha amenazado con ir a quemar la casa.
Los niños deambulan en los caminos y veredas, donde les dá gana de hacer sus necesidades, solo se acurrucan, tienen el vientre abultado de la infinidad de parásitos, que tienen, el excremento les sale verde y con muy mal olor, es común en tierras de nadie, en tierras olvidadas y que la civilizacion no llega ni por radio, es difícil creer que aun existan lugares así, pero los hay.
Con un arrepentimiento increible, mas bien, para librar su conciencia de los muchos asesinatos que cometió, se le ve triste y cargando con el sufrimiento que merece, ahora dispuesto a enfrentarse al pasado, dice que no tiene nada que perder, ha dicho en una entrevista a El Faro llamada "Así Matamos a Monseñor Romero", que fueron varios participes del hecho y que está dispuesto a ayudar para que paguen. Cierto o no, pues que se le puede hacer. En dicha entrevista dice al detalle como fué fraguado el plan, las horas y los momentos en los que platicaron del tema. "Operación Piña" era denominado, hubieron peticiones de vehiculo, llamadas, controles y se valieron de un evento, auspiciado por los pudientes de esa epoca, quienes celebrarian la famosa homilía del 24 de marzo de 1980, donde se llevó a cabo el asesinato:
“Se hablaba de que la homilía de Romero, que era un hombre que estaba alebrestando a la gente… Eso era comidilla del día en todos lados, la homilía de Romero”.
Por eso debemos matarlo, pero ya!, dijeron a viva voz y con sus tragos encima, ésto un día antes del atentado:
Fernando “el Negro” Sagrera y el capitán Saravia destapan una botella de whisky y comienzan su propia fiesta. Su jefe se ha ido a San Miguel todo el fin de semana, a la casa de unos amigos.
Todo esto, debido a que el 23 de marzo de 1980, Romero había dado una homilía en la cual llamaba a Soldados, Guardias Nacionales y Policías, a parar con la represión al pueblo: “En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, ¡les ordeno, en nombre de Dios: cese la represión!”.
Palabras que alborotaron la sed de callarlo para siempre, pues quien hablaba así, era considerado "Comunista" y a los comunistas, había que matarlos, según d'Abuisson.
Ahora el Capitán Saravia, dice irónicamente, que ha conocido de primera mano la pobreza y las necesidades de muchos niños, mujeres y ancianos, que llevan una vida de tragedias. A lo que dice, si en mis manos, está luchar por que la vida de toda esta gente cambie, sería capaz de alzar las armas y revelarme ante cualquiera, - Pero eso es Comunista! (Le dice el periodista); - Pues sí, le contesta, Saravia. Lo sé.
Así era la apariencia del Capitán Saravia, al ser requerido por Los Estados Unidos:






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