Taiwán: Política y Economia, sus fortalezas.
Contexto económico
Coyuntura económica
Después de casi cinco décadas de sólida gestión económica, Taiwán ha conseguido pasar del estatus de isla agrícola pobre al de potencia económica líder en la fabricación de productos de alta tecnología. Taiwán tiene una economía capitalista dinámica, en que ha disminuido gradualmente el control de las inversiones y el comercio internacional por parte de las autoridades. Estructuralmente muy expuesta a la evolución de la economía mundial (las exportaciones representan dos tercios del PIB), la isla está sometida al enfriamiento económico de sus socios comerciales. El PIB creció 2% gracais a un sector externo con buenos resultados y una fuerte demanda interna en 2017, pero su economía dependiente del comercio es muy vulnerable a las políticas proteccionistas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y a la creciente competencia de las manufacturas chinas, al igual que las tensiones políticas con Beijing. Se prevé que el crecimiento del PIB será de 1,9% en 2018 y 2% en 2019. Esta tendencia moderada debiera prolongarse hasta 2022, en medio de intentos para disminuir la dependencia de Taiwán con respecto a China a través de la promoción del comercio y la inversión con otros países asiáticos.
La victoria del Partido de Democracia Progresiva en las elecciones presidenciales y legislativas de 2016 supusieron un reto para la política de acercamiento con China llevada a cabo por el antiguo partido en el poder, el Kuomintang. Las políticas macroecnómicas de Taiwán son sólidas, al igual que su posición externa. El déficit público permanece bajo control. En 2017, el Estado continuó aplicando su política de control presupuestario, con un aumento del gasto social financiado por un aumento de ciertos impuestos. Gracias a sus fuertes ventajas competitivas en cuando núcleo manufacturero, el país tiene un amplio superávit de cuenta corriente, y sigue gozando de una balanza comercial favorable. Taiwán tiene a su favor su estatus de acreedor internacional, y posee una gran cantidad de reservas cambiarias. La nueva presidenta, Tsai Ing-Wen, ha promovido una mayor integración económica con Asia del sur y del sudeste a través de una iniciativa de Política Hacia el Sur. Además, anunció la construcción de 200.000 viviendas sociales de aquí a 2024 para luchar contra la burbuja inmobiliaria, y un paquete de medidas para estimular la economía (dependiente de las exportaciones) ante la incertidumbre que generan sus dos principales socios comerciales, Estados Unidos y China. El número de turistas chinos ha caído fuertemente desde mayo de 2016, cuando la nueva presidenta fue electa. Taiwán busca cambiar parte de sus exportaciones, ampliamente dirigidas hacia China y Hong Kong. Con la retirada de Estados Unidos del acuerdo Transpacífico, se redujeron las posibilidades de que Taiwán haga parte del acuerdo.
El gasto de los hogares se mantuvo limitado, sobre todo debido a un bajo aumento del sueldo mínimo (solo 4,72% en vez de los 30% propuestos). La tasa de desempleo cayó a 3,6% a fines de 2017, y se prevé que debiera seguir bajando. El desempleo de los jóvenes sigue siendo alto (en torno a 13%), que también sufren de bajos salarios en el mercado laboral. Se prevé que la inflación marque 1,1% en 2018 (fue de 1,4% en 2017). A largo plazo, el país deberá afrontar los problemas del envejecimiento de la población, bajas tasas de natalidad, aislamiento diplomático y el desgaste de su competitividad comercial.
La victoria del Partido de Democracia Progresiva en las elecciones presidenciales y legislativas de 2016 supusieron un reto para la política de acercamiento con China llevada a cabo por el antiguo partido en el poder, el Kuomintang. Las políticas macroecnómicas de Taiwán son sólidas, al igual que su posición externa. El déficit público permanece bajo control. En 2017, el Estado continuó aplicando su política de control presupuestario, con un aumento del gasto social financiado por un aumento de ciertos impuestos. Gracias a sus fuertes ventajas competitivas en cuando núcleo manufacturero, el país tiene un amplio superávit de cuenta corriente, y sigue gozando de una balanza comercial favorable. Taiwán tiene a su favor su estatus de acreedor internacional, y posee una gran cantidad de reservas cambiarias. La nueva presidenta, Tsai Ing-Wen, ha promovido una mayor integración económica con Asia del sur y del sudeste a través de una iniciativa de Política Hacia el Sur. Además, anunció la construcción de 200.000 viviendas sociales de aquí a 2024 para luchar contra la burbuja inmobiliaria, y un paquete de medidas para estimular la economía (dependiente de las exportaciones) ante la incertidumbre que generan sus dos principales socios comerciales, Estados Unidos y China. El número de turistas chinos ha caído fuertemente desde mayo de 2016, cuando la nueva presidenta fue electa. Taiwán busca cambiar parte de sus exportaciones, ampliamente dirigidas hacia China y Hong Kong. Con la retirada de Estados Unidos del acuerdo Transpacífico, se redujeron las posibilidades de que Taiwán haga parte del acuerdo.
El gasto de los hogares se mantuvo limitado, sobre todo debido a un bajo aumento del sueldo mínimo (solo 4,72% en vez de los 30% propuestos). La tasa de desempleo cayó a 3,6% a fines de 2017, y se prevé que debiera seguir bajando. El desempleo de los jóvenes sigue siendo alto (en torno a 13%), que también sufren de bajos salarios en el mercado laboral. Se prevé que la inflación marque 1,1% en 2018 (fue de 1,4% en 2017). A largo plazo, el país deberá afrontar los problemas del envejecimiento de la población, bajas tasas de natalidad, aislamiento diplomático y el desgaste de su competitividad comercial.
Principales sectores económicos
El sector agrícola contribuye al PIB de manera escasa (menos de 2%) y solo emplea a un 5% de la población activa. Los principales productos cultivados en Taiwán son arroz, caña de azúcar, fruta y verdura. Taiwán tiene recursos naturales limitados y las tierras se cultivan de modo intensivo.
El sector secundario representa 36% del PIB y emplea en torno a 36% de la fuerza laboral. Aunque las industrias tradicionales como el hierro y el acero, los productos químicos y la mecánica representan cerca de la mitad de la producción industrial, las nuevas industrias son las más dinámicas. Taiwán es uno de los mayores proveedores a nivel mundial de semiconductores, ordenadores y teléfonos móviles. También es el mayor proveedor de pantallas para ordenadores.
Los servicios representan cerca de 62% del PIB y emplean a algo menos de 60% de la población activa. El país, que debe afrontar la continua relocalización de las industrias que requieren mucha mano de obra hacia países donde ésta es más barata, deberá emprender nuevas transformaciones para convertirse en una economía basada en tecnologías más avanzadas y orientadas hacia los servicios. El turismo es uno de los mayores aportes a la economía, y en 2017 el país fue visitado por la cifra récord de 10,73 millones de personas.
El sector secundario representa 36% del PIB y emplea en torno a 36% de la fuerza laboral. Aunque las industrias tradicionales como el hierro y el acero, los productos químicos y la mecánica representan cerca de la mitad de la producción industrial, las nuevas industrias son las más dinámicas. Taiwán es uno de los mayores proveedores a nivel mundial de semiconductores, ordenadores y teléfonos móviles. También es el mayor proveedor de pantallas para ordenadores.
Los servicios representan cerca de 62% del PIB y emplean a algo menos de 60% de la población activa. El país, que debe afrontar la continua relocalización de las industrias que requieren mucha mano de obra hacia países donde ésta es más barata, deberá emprender nuevas transformaciones para convertirse en una economía basada en tecnologías más avanzadas y orientadas hacia los servicios. El turismo es uno de los mayores aportes a la economía, y en 2017 el país fue visitado por la cifra récord de 10,73 millones de personas.








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