FGR: El Banco Cuscatlan ignoró alerta para permitir que Saca desviara Dinero...
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| Torre del Banco Cuscatlan, San Salvador, El Salvador. |
En julio de 2017, el expresidente
Elías Antonio Saca González tenía casi nueve meses de estar detenido bajo
acusaciones de ser el cerebro de un esquema que desvió 300 millones de dólares
de fondos públicos desde Casa Presidencial. Un día de ese mes, el viernes 21, a
las 10 de la mañana, una ex secretaria del antiguo Banco Cuscatlán relataba a
fiscales del caso cómo un empleado de la Presidencia llegaba a las oficinas
corporativas del banco, ubicadas sobre la carretera Panamericana, a realizar
una serie de operaciones financieras: cambiar cheques, hacer depósitos,
llevarse dinero en efectivo en maletines negros…
La Secretaria narró a los
fiscales estas y otras escenas muy particulares en la vida de un banco, como
que de sus oficinas centrales, conocidas como La Pirámide, partía cada 15 días
o un mes un camión blindado, cargado de dinero para las operaciones del
Organismo de Inteligencia del Estado, o que desde horas antes de que aquel
empleado de Casa Presidencial llegara al banco a hacer las operaciones, había
una serie de transferencias bancarias, y todas tenían el objetivo de evitar que
la sucursal se quedase sin efectivo, debido a las altas cantidades de dinero
que llegaba a sustraer el empleado, de nombre Pablo Gómez.
En su relato, La Secretaria –como
será llamada en este texto- también habla del entonces presidente del Banco
Cuscatlán, José Mauricio Felipe Samayoa, y lo dibuja como alguien que estaba al
tanto de todos los movimientos que efectuaba Pablo Gómez. De hecho, fue el propio
Samayoa quien ordenó que el banco atendiera al empleado de Capres como un
“cliente VIP”.
Samayoa fue presidente del banco
entre principios de los años 90 y el año 2009. Murió envuelto en polémica, en
Estados Unidos, en junio de 2015 , mientas la Fiscalía lo investigaba por haber
ocultado reportes de operaciónes sospechosas por alrededor de 10 millones de
dólares donados por la República de Taiwán al también ex presidente arenero
Francisco Flores. A Samayoa, la Fiscalía lo señaló como responsable de ocultar
los desvíos de fondos pero nunca presentó cargos en su contra. En esos mismos
días, mientras se le señalaba como presunto delincuente, la Fiscalía cerró un
negocio con Samayoa: le compró un inmueble propiedad de una de las empresas,
por siete millones de dólares .
Samayoa Rivas también fue donante
de Arena. Entre 2008 y 2015, dio un total de 40 mil 150 dólares al partido,
según el reporte de donantes de partidos de la Secretaría de Transparencia del
Gobierno.
El maletín negro
Lo narrado por La Secretaria
quedó recogido en un acta de diez páginas que son parte de los miles de
documentos del expediente judicial que este martes 16 de mayo fue enviado a
juicio, la última de las tres etapas de un proceso penal ordinario. El juez
Cuarto de Instrucción de San Salvador, Rigoberto Chicas, celebró la audiencia
preliminar entre el 24 y el viernes 27 de abril, pero dio a conocer su fallo
hasta este 16 de mayo, en el cual ordenó que Saca, tres ex secretarios
presidenciales y tres empleados de Casa Presidencial sigan en prisión
preventiva a la espera de que sean condenados o absueltos en la vista pública,
para la cual aun no hay fecha definida.
En el relato que La Secretaria
dio a los fiscales, explicó que su oficina estaba en la tercera planta del
edificio La Pirámide, sobre la carretera Panamericana, en la entrada a Santa
Tecla. Entre sus funciones, según contó, estaba recibir correspondencia,
marginarla, tomar dictados, coordinar reuniones de trabajo, almuerzos
ejecutivos y atender a algunos clientes VIP… “Así conoció al señor Pablo Gómez,
empleado de la Presidencia de la República –dice el acta de la Fiscalía-, pues
él empezó a llegar en el año 2004 para realizar operaciones de cobro de
cheques”.
Gómez, según explicó La
Secretaria a los fiscales, comenzó a aparecer en La Pirámide a semanas de haber
iniciado la administración Saca, en junio de 2004. Llegaba al banco para
cambiar cheques y obtener efectivo, y normalmente sus operaciones eran tan
abultadas que ponían en riesgo la liquidez de la sucursal que estaba contiguo a
las oficinas corporativas. Cada vez que Gómez anunciaba una visita, La
Secretaria tenía que cerciorarse que había dinero suficiente para darle,
entonces consultaba a la gerente o subgerente de la sucursal. Si no había
suficiente efectivo, la dirección de tesorería hacía los movimientos de dinero
para que estuviera listo. La Pirámide no podía quedarse sin efectivo. Por
motivos de seguridad, solo podía tener entre 100 mil y 150 mil dólares
disponibles.
Samayoa, el presidente del banco,
ya había informado a La Secretaria que Pablo Gómez llegaría a La Pirámide de
manera periódica a cobrar cheques. “Además, Samayoa le dijo que Pablo Gómez
debía esperar en la sala de estar de la presidencia, en la tercera planta,
mientras le hacían la operación del cobro de cheque”.
La Secretaria dijo a los fiscales
que “ciertamente atender al señor Gómez fue irregular”. La empleada explicó
“que en presidencia generalmente se atendía a clientes VIP, es decir
empresarios ya sea de El Salvador o extranjeros”, según se lee en el relato de
la Fiscalía.
Gómez, bachiller contable de 67
años de edad, es uno de los procesados –junto a Saca- en la primera etapa del
caso que la Fiscalía ha llamado “Destape de la corrupción”, y que este 16 de
mayo pasó a juicio. Gómez era el asistente técnico del área financiera desde
que llegó a Casa Presidencial en 1994. Quien lo contrató fue el presidente
Armando Calderón Sol, con quien también había trabajado en los seis años
previos, en la Alcaldía de San Salvador.
En Casa Presidencial, Gómez tuvo
un perfil bajo gracias a su puesto eminentemente técnico. Saltó a la luz cuando
la Policía lo expuso ante las cámaras de la prensa después de ser capturado, en
octubre de 2016, junto a otros dos empleados del área financiera de Capres,
Saca y otros altos funcionarios. Todos los focos estaban sobre el ex mandatario
y su círculo íntimo de funcionarios, mientras que Gómez, pequeño, delgado,
moreno y de nariz aguileña, pasó inadvertido.
Los abogados de Gómez aseguran
que el testimonio de La Secretaria demuestra que él cumplía labores de
mensajero. “Quien podía justificar todas las operaciones eran los altos
funcionarios, pero él solo cumplía órdenes de Casa Presidencial, él no podía
decidir sobre esa cantidad de dinero”, dice Roberto Claros, abogado. “ El señor
Pablo Gómez no tenía el perfil de ser un gran empresario”, dijo La Secretaria a
los fiscales, según el acta. “Sin embargo lo atendió de la mejor manera, pues
así fue la instrucción del presidente del banco”, agrega el relato.
Durante los primeros seis meses,
Gómez observó a detalle las instrucciones para el canje de los cheques. Él
esperaba en la tercera planta de las oficinas corporativas mientras el cobro en
efectivo lo hacía otro empleado del banco, un subalterno de La Secretaria a
quien llamaremos El Pasapapeles. Este iba a la agencia, pasaba a caja, y ahí
recibía el dinero, el cual metía en sobres manila. “Luego de un tiempo,
regresaba a la tercera planta del edificio La Pirámide (…) y las bolsas de
papel manila las entregaba al señor Pablo Gómez, quien las metía en un maletín
color negro que llevaba, tipo de los que se utilizan para cargar computadoras o
correspondencia”, dice el acta de la Fiscalía.
El nombre de El Pasapapeles se
omite en este relato porque no fue posible contactarlo, pero en el dictamen de
acusación de la Fiscalía consta una tabla de Excel en la que se ha
contabilizado que él cambió cheques por un valor superior al medio millón de
dólares: $621, 484 entre el 11 de junio de 2004 y el 9 de agosto de 2004, justo
en los meses en que Pablo Gómez comenzaba a llegar a La Pirámide, según el
relato de La Secretaria.
Pablo Gómez, según el testimonio,
llegaba a La Pirámide unas cuatro veces al mes, y cada vez La Secretaria
avisaba al presidente del banco. “[Samayoa] entonces le solicitaba que le
ayudase a cobrar los cheques. La deponente elaboraba un ‘post it’ en el que le
expresaba a La Subgerente ‘favor atender esta operación’”, se lee en el
documento.
Pasados unos meses, el
procedimiento que seguía Gómez para cambiar los cheques cambió. Ya no esperaba
en la tercera planta de las oficinas corporativas, sino que acompañaba a El
Pasapapeles a hacer el cobro del cheque, y era La Subgerente quien llamaba a La
Secretaria para anunciar que Pablo Gómez había llegado. La Secretaria
consultaba con el presidente Samayoa y este pedía lo de siempre, que hiciera la
operación del pago de cheques para Casa Presidencial, dice el acta de la FGR.
Gómez se familiarizó tanto con
aquel ritual que los empleados del banco llegaron a familiarizarse con él. A
los tres meses de haber comenzado a llegar a La Pirámide, Pablo Gómez ya hacía
los trámites él solo.
En el dictamen de acusación de La
Fiscalía dice que 43 cheques de una cuenta del exsecretario privado de la
Presidencia, Élmer Charlaix (alimentada con fondos públicos), salieron a nombre
de Pablo Gómez, por un monto total de alrededor de dos millones de dólares “sin
ninguna justificación, y que fueron cobrados en efectivo por el mismo señor
Pablo Gómez”, entre 2004 y 2009.
Después de la administración
Saca, Gómez siguió trabajando en Casa Presidencial incluso hasta la
administración de Salvador Sánchez Cerén, que comenzó en 2014. En la audiencia
preliminar, Gómez hizo uso de su derecho a dar sus últimas palabras antes del
veredicto. “Estoy detenido a raíz de una acusación falsa, injusta, ilógica e
incompleta, ¡incompleta! Porque solo se basaron en el dinero que entró a las
cuentas que yo, por orden de trabajo, abría, pero no se dieron el trabajo de
investigar el destino de los fondos. Si la Fiscalía hubiera investigado el
destino de los fondos, yo no estuviera aquí”, dijo, la noche del viernes 27 de
abril, el último día de la audiencia preliminar.
Alerta ignorada
Durante los primeros seis meses
de la Presidencia Saca, los controles del Banco Cuscatlán dispararon la primera
y única alerta que se registró en todo el quinquenio, a raíz de aquellas
operaciones bancarias, aparentemente sospechosas, que estaba haciendo Gómez.
Quien detectó aquellos movimientos fue la oficial del cumplimiento del banco, a
quien nombraremos La Oficial.
El relato de los fiscales no dice
en qué fecha La Oficial llamó por teléfono a La Secretaria, solo indica que fue
entre junio y diciembre de 2004. “La testigo recuerda que La Oficial le comentó
en la llamada que había detectado ciertas operaciones raras, recuerda que le
dijo ‘mire, aquí en estas operaciones está pasando algo raro y quiero hablar
con el ingeniero [Samayoa]’”. La Secretaria no le transfirió inmediatamente la
llamada; le consultó primero, pero Samayoa no tuvo ningún problema en aceptar
la llamada.
La Oficial era la encargada de
supervisar las operaciones de la sucursal para prevenir el lavado de dinero y
enviaba los reportes de operaciones sospechosas (ROS) a la Fiscalía. El relato
de la testigo no da detalles de qué fue lo que hablaron Samayoa y La Oficial,
solo dice que no fue una llamada larga y que después el presidente del
Cuscatlán le pidió que lo pusiera en contacto con el director legal del banco.
Al terminar la segunda llamada,
Samayoa tenía instrucciones precisas para La Oficial, las cuales se las hizo
llegar a través de La Secretaria: “Por instrucciones del presidente ingeniero
Mauricio Samayoa, omitir el reporte de operaciones sospechosas de este
cliente”, dice el acta que fueron las palabras de Samayoa. La Secretaria
redactó un correo electrónico con esa información y lo envió a La Oficial.
Y desde entonces, durante toda la
administración del presidente Elías Antonio Saca, la sucursal La Pirámide no
volvió a emitir ningún ROS por las transacciones de Pablo Gómez ni por otro
cliente, según La Secretaria.
El Banco Cuscatlán también ocultó
información
Así como ocurrió con los cheques
de la cooperación taiwanesa que la Fiscalía investigó por haber sido desviados
hacia Arena, el Banco Cuscatlán, en el caso Saca, vuelve a aparecer como pieza
clave. La mayor parte de las 14 cuentas abiertas por Casa Presidencial para
trasladar ahí los fondos de la cuenta institucional del tesoro se abrieron en
el Cuscatlán. Una de ellas, a nombre de Élmer Roberto Charlaix Urquilla, fue de
donde salieron $400,000, en forma de ocho cheques, y que luego fueron
depositados en cuentas de Arena. La Fiscalía dice que esos cheques, de $50,000
cada uno, numerados del 751 al 758, y a nombre de Arena, fueron remesados al
partido (sin canjearse por efectivo) el 24 de noviembre de 2004.
La Fiscalía dice en su dictamen
que los $400,000 habían salido de la cuenta institucional del tesoro público en
forma de cheques a nombre del presidente Saca, y que luego fueron depositados
en una cuenta de Charlaix, que fue de donde salieron para Arena. “Aparte de la
deuda política a los partidos, cualquier otro financiamiento estatal es
ilegal”, explica uno de los fiscales del caso Ricardo Menjívar.
En sus documentos, la Fiscalía
dice que el Banco Cuscatlán falló en identificar la información de rigor sobre
la identidad de quién hacía los depósitos. En su dictamen de acusación, con la
que la Fiscalía logró que el juez de instrucción pasara el caso a la siguiente
etapa, la Fiscalía asegura que los cheques “[fueron] cobrados el mismo día y
sin ninguna justificación, no existiendo al reverso de los mismos la razón
[nombre] de la persona que cobró dichos cheques, evidenciándose con ello la falta
de debida diligencia por parte del Banco Cuscatlán al responder que no cuenta
con los documentos de respaldo que permitan identificar a las personas que
cobraron los referidos cheques”.
El Banco Cuscatlán no cumplió con
“la debida diligencia” que exigen los protocolos del mundo financiero. La
debida diligencia garantiza que haya controles internos para combatir el lavado
de dinero.
En un comunicado enviado a El
Faro el 27 de abril de 2018, el Banco Cuscatlán respondió: “Los señalamientos a
los que refiere en su nota pertenecen al ANTIGUO Banco Cuscatlán. Nuestras
operaciones, junta directiva y accionistas son totalmente diferentes. Estamos
colaborando activa y totalmente con las autoridades pertinentes, y confiamos en
que las instituciones y la justicia salvadoreña esclarecerán los hechos”. En su
comunicado, el banco señaló que “el ANTIGUO Banco Cuscatlán” fue vendido a
Citibank en el 2006, y que diez años después este fue vendido al “Nuevo Banco
CUSCATLAN”, el cual inició operaciones en julio de 2016.
La Fiscalía dice que por falta de
transparencia en la administración de los cheques no hay certeza de saber quién
depositó el dinero para Arena. En los días de la audiencia preliminar, a
finales de abril, sin embargo, los fiscales dijeron que tenían probado que
Pablo Gómez, el empleado de Capres, había hecho “algunos” de los depósitos.
“Llegaba Pablo Gómez al banco, retiraba el dinero y en cuestión de minutos
hacía el depósito por el mismo monto en el mismo banco, ante el mismo cajero en
muchos casos, y el mismo día, en las dos cuentas de Arena”, dijo el fiscal
Ricardo Menjívar.
El testimonio de La Secretaria
deja dudas acerca de por qué en los cheques casi nunca aparecía la identidad de
los endosantes. Ella dijo, según el testimonio que obtuvo la Fiscalía, que no
recordaba si la presidencia del banco giró la instrucción para que no
apareciera el nombre de los empleados del banco que ella enviaba a la sucursal
bancaria contigua a las oficinas corporativas en La Pirámide, con los cheques
que llevaba Pablo Gómez. "Refiere la deponente que La Subgerente de La
Pirámide era bien estricta con respecto a la debida identificación del cliente
que cobraba los cheques, por lo que si lo hizo (quitar la identidad de los
endosantes) debió de contar con una instrucción superior (...) entiende que así
tuvo que haberlo hecho”, dice el acta de los fiscales.
En su entrevista, La Secretaria
también narró que recibió la orden de depositar cheques a nombre de Arena. La
Secretaria dijo que recordaba que en dos oportunidades, Samayoa le entregó unos
cheques a nombre del partido tricolor. Se los dio “para que los enviara para
ser depositados a la cuenta que dicho partido tenía o tiene en el Banco
Cuscatlán”. Sin detallar fecha, el acta de los fiscales dice que en aquella
oportunidad La Secretaria llamó, como casi siempre, a El Pasapapeles para que
fuera a la sucursal La Pirámide a que hiciera las remesas a la cuenta de Arena.
La Secretaria dejó el Cuscatlán
por recorte de personal a finales del año 2008. Había trabajado en diversas unidades,
entre ellas la presidencia, a lo largo de 29 años. Y según dijo a los fiscales,
fue la administración Saca la única en tener estos procedimientos para
administrar el dinero.
Fuente: El Faro
Fuente: El Faro







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